Viernes al mediodía. En realidad ya pasó bastante del
mediodía porque son cerca de las tres de la tarde. Pero aún así,
para el caso es lo mismo porque sería la hora de almorzar. Estoy solo en
el "boliche".
Después de esperar a quien no llega, de esperar y esperar, la
puerta se abre y anuncia el relevo. Como si sonara la campana para el
recreo, paso las novedades y atravieso la puerta. En el palier del
segundo piso retumba el sonido de la madera golpeando en el marco de metal. Cansado
de esperar, desecho el ascensor y bajo por la escalera. Son solo dos
pisos y estoy con los pies sobre Uruguay.





